La Batalla de los Cueros (II)

Dehesas de 'Martelilla'

Retomamos el relato de la entrada anterior en la que los caballeros jerezanos se disponen a partir para la batalla. Aunque en ninguna de las “Historias de Jerez” mencionadas, se nombran personajes ligados a esta acción de armas, más allá del alcaide, Coloma llena de “nombres” la escena e incluye en la nómina de ilustres que acuden a la contienda a lo más granado de la nobleza jerezana del momento: Diego Pavón, Herrera, Fernán Núñez-Dávila, Alonso Fernández de Valdespino -el del Salado-... No faltaban tampoco a la cita caballeros como Garci-Pérez de Burgos, Juan Gaitán Carrillo, el hijo de Pérez Ponce de León, Mateo –“el de los buenos fijuelos”… Aunque si alguna presencia subraya nuestro autor en este momento es la de de Gutiérrez Ruiz de Orbaneja, quien ya de avanzada edad, se presentaba a la batalla sin armadura por no poder soportar su peso.

La salida de la ciudad de las tropas jerezanas se realiza por la Puerta Real (la del Marmolejo) y de acuerdo a la treta estudiada, evitan el camino de Medina, ocupado ya en las inmediaciones del río por el campamento enemigo. Sigamos, con Coloma, el itinerario de las tropas jerezanas:

“Caminaban, en gran silencio los de Jerez, siguiendo el camino de Vejer, para tomar luego el de Medina y coger al moro por la espalda. Marchaba delante el alcaide, montando un trotero, que por caparazón llevaba una gran piel de tigre, despojo de un jeque moro, cuyas manos pendían anudadas en las cadenas del pretal, con garras de oro; seguíanle en dos alas los de a caballo, guardando en medio los peones que llevaban el recuaje de potros cerriles, que por consejo de Dávila, habían de tomar parte en la batalla. Hallábanse los moros en su real, allá junto a la laguna de Medina, tan confiados en su valor o desdeñosos del ajeno, que no se dieron cuenta del enemigo que llegaba ya al alcance de sus azagayas.

Cortijo 'La Matancilla'Una vez llegadas las tropas al paraje donde pueden sorprender por la retaguardia al campamento moro, en las inmediaciones del actual cerro de El Mojo, deben mantener una tensa espera hasta el amanecer como bien relata Coloma: “Pedía la prudencia treguas al valor de los nuestros, y sólo bramando de coraje pudieron mantenerse en sosiego hasta el cuarto del alba, que se aprestaron a la pelea atando a los potros 'La Matancilla': Pozocerriles, no zarzas y cambrones, sino cueros crudos que a prevención llevaban.”


En la ciudad, es noche cerrada cuando llegan a la Puerta de Sevilla, sin ser esperadas “…gran número de gentes de guerra, que llegaban a la barbacana refuerzo del muro… -¡Córdoba por Jerez! -sonó una voz hidalga al pie del muro. Eran las gentes de Córdoba, que sin ser llamadas, venían en auxilio de sus 'La Matancilla': Pozohermanos en Dios, en Patria y en Rey.”

Coloma se recrea aquí en la actitud valerosa de la alcaidesa y en la generosidad de los cordobeses que, en mitad de la noche, cansados y fatigados, rechazando el descanso que los jerezanos les ofrecen “… piden un adalid que los guíe, porque no admite la guerra espera: pasan el río al trote del peonaje, y hacen alto en un cerro, desde donde atalayan al moro, esperando den señal de la pelea los nuestros que del lado de allá se hallaban”

Cortijo de 'La Matanza': AccesoYa está a punto de amanecer. Los cordobeses en el Cerro del Viento, junto a la Laguna de Medina, los moros en la Dehesa de Martelilla, los jerezanos en las tierras del Mojo. Dejemos que lo cuente Coloma:

“De repente rompe el traidor silencio una tremenda algazara de trompetas y vocerío, atabales y rugidos, y con tal furia y empuje arremeten los nuestros al moro, 'La Matanza': Acceso a zona de viviendaque por tres cuartos de hora prolonga la polvareda las sombras de la noche: huyen los potros cerriles arrastrando con estrépito los cueros que los azotan y espantan; créceles el asombro con la carrera, y tal pavor infunden en los caballos agarenos, que con su propio espanto descomponen el real.

-¡Santiago! -gritan los nuestros; y al despertar despavorido el moro, 'La Matanza': Vigilandono acierta a proferir su antiguo grito de guerra.

Trábase al fin la lucha con tal ventaja del cristiano, que ya muerden el polvo siete sarracenos, sin que Dávila saque la lanza de la cuja. Más lejos se revuelve Herrera como bueno; da un tajo y se abre camino, y por un quijote que le arrancan, arranca al moro tres banderas y mil vidas.

Aterrada la morisma huye hacia Jerez sin tino, y va a dar en las lanzas cordobesas, que con tal furia la reciben, que no parece causa ajena, sino propia la que mueve sus bríos. Cejan luego hacia Margarigut el antiguo, aldea entonces de Pedro Gallegos, propia de Valdespino; mas allí los siguen cordobeses y jerezanos, que aun no se conocen, pero que con rabia igual los alancean.

Allí cayó, roto el pecho y la jacerina, el hijo de Juan Gaitán, que aun el bozo no le apunta: diole el polvo de la batalla mortaja de caballero, y no faltó quien guardase a su madre la 'La Matanzuela'Sarmiento, la lanza rota del mancebo; y a su dama Inés Zurita, unas tranzaderas verdes que hizo la sangre rojas.

Crece el furor mientras más cerca halla la victoria, y tanta sangre corre en aquellos sitios, que borra para siempre su antiguo nombre, grabando en su vez el terrible de Matanza. Vencida, pero astuta siempre la morisma, huye a guarecerse en unos arroyos secos: mas allí la alcanza la rabia del cristiano, y corre aún bastante sangre para dar corriente al cauce vacío, y a aquella tierra, ebria de sangre mora, el nombre de Matanzuela.

La noche corre aterrada a contar a otras naciones las proezas de la nuestra, y cuando el día asoma medroso, encuentra el pendón de Ismael roto, la Cruz en alto, y sembrado el campo de cadáveres, que cubrían, puesta de pie, la lanza más larga que había en el campo: la de aquel buen López de Mendoza, que tuvo luego, en sus armas la gloria del Ave-María.

'Martelilla': Toros bravos

Y allá más tarde, cuando cordobeses y jerezanos, jurándose hermandad eterna, arrojan a los pies de la Virgen de la Merced, que desde entonces lo fue de los Remedios, un puñado de banderas moras, cubiertas de sangre cristiana como de reliquias, y de sangre agarena como de trofeos, escribe la fama en su libro la batalla de los Cueros, y grita al mundo con sus cien trompetas.
Todo lo alcanza el valor si la fe lo mantiene.”

Con los ecos del relato de Coloma, hemos vuelto a recorrer hoy estos parajes. No soplan ya vientos de guerra en las tierras de La Matanza, sino los vientos de Levante que mueven las aspas de los enormes molinos instalados en el parque eólico de Doña Benita. Lentiscos palmitos y acebuches crecen en la Cañada Real de Lomopardo o de Medina, que sigue todavía el antiguo camino por donde circulaban las tropas.

No vienen ya por el Mojo y por Baldío Gallardo las mesnadas de moros, ni amenazan algaras los llanos de la Ina, ni se talan los olivares y encinares de las dehesas de Martelilla donde pace, placidamente, ajena a los sangrientos episodios de la historia la vacada que, llevará el nombre de este afamado hierro por toda la geografía taurina. Nada queda ya de la aldea de Margarihut (la alquería del “prado de los judíos”), la que pasó a denominarse después de la batalla Aldea de Pero Gallegos. Nada salvo los apacibles prados de La Matancilla, salpicados de molinos.

Nadie acampa ya, sino las aves migratorias, en las laderas de la Laguna de Medina, en las arboledas de El Sotillo, junto al Saldado y al Vado de Medina. Y en el Cerro Cabeza del Real, donde un día se plantaron las tiendas de los moros, se cubren hoy sus albarizas de girasoles, de trigos y de vides.


Para saber más:
- Coloma, Luis. La Batalla de los Cueros. Episodio Histórico. Imprenta de la Revista jerezana. 1872.
Otra edición de 1876 puede consultarse en la red.
- Gonzalo de Padilla.: Historia de Jerez de la Frontera (Siglos XIII-XVI). Ed. de Juan Abellán Pérez. Agrija Ediciones 2008., pp.. 48-57.
- Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsimil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol I P. 178-183
- Martín de Roa (1617): “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsimil, Ed.Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VIII
- Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación. Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, pp. 28-31.


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P.S.: Un amigo de Arcos nos informa de la existencia de este topónimo en esta localidad. Hemos podido comprobar como, en efecto, el paraje que se sitúa entre la Azucarera de Jédula y las tierras del Cortijo de Casablanca también es conocido como "La Matanza". De la misma manera, en las proximidades de Jédula, las tierras situadas frente al antiguo cuartel de la G. Civil, son conocidas como "La Matancilla".

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Por tierras de La Matanza con el Padre Luis Coloma.

La Matancilla

La Batalla de los Cueros (I)

En aquellos tiempos de grandes virtudes y grandes vicios, pero que tan rara vez, conocieron ruindades ni mezquinas pasiones; cuando el Rey Sabio acorralaba la morisma y aún no lloraba sus querellas, aparece en la historia el Jerez cristiano y caballero, como el terrible vigía de la frontera, ceñido de murallas, coronado de laureles sangrientos, enarbolando una cruz, y cobijándola con un pendón, sobre el que los siglos y la sangre han escrito una epopeya. El tiempo cubrió con su polvo de majestad aquellas glorias, y el olvido y la indiferencia las enterraron luego, sin que un epitafio las eternice, ni un poeta las cante, ni un historiador diga a los que tras nosotros vienen, que antes que rico y poderoso, fue Jerez noble, leal y heroico.”

Con ese arranque “épico” da comienzo el relato “La Batalla de los Cueros. (Episodio Histórico)” de Luis Coloma, con quien vamos a recorrer hoy los escenarios en los que la historiografía jerezana sitúa unos hechos que tuvieron lugar casi siete siglos atrás. En esta obra, como en otras, muestra Coloma su afición por los cuadros de época y la historia novelada sin renunciar al carácter moralizador que imprime a muchos de sus relatos. Aunque ha conocido muchas ediciones posteriores, vio la luz en 1872 en el diario El Porvenir de Jerez en el que, nuestro todavía joven escritor, colaboraba. La historia tuvo una amplia difusión tras su publicación en un cuadernillo de 36 páginas, prologado por Fernán Caballero, y editado por la Imprenta de la Revista Jerezana, en cuyos talleres se elaboraba el citado periódico. Con su versión de “La Batalla de los Cueros” Coloma intenta Padre Coloma (Jerez)rescatar un hecho con trasfondo histórico para dar mayor lustre a las “Glorias de Xerez”, como reza en la portada.

La descripción de episodios bélicos, de batallas, refriegas y escaramuzas entre “moros y cristianos” ocupa un lugar preferente en todas las obras de carácter histórico que desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XX, se han ocupado de nuestra ciudad. Especial relevancia cobra el periodo correspondiente al reinado de Alfonso XI, donde destacan las batallas de Majaceite (1314), Ayna (1339) o la de Los Cueros (1325), por citar sólo algunas. Esta última, de la que hoy nos vamos a ocupar siguiendo el relato del Padre Luis Coloma, es también conocida como batalla de Los Potros o de La Matanza, siendo una de las más referidas por todos los historiadores locales.

El marco geográfico donde tiene lugar la acción comprende los parajes situados entre el Vado de Medina (actual puente de Cartuja) y las tierras de El Mojo y Baldío Gallardo. Los llanos de Las Pachecas y de la Ina, la Laguna de Medina, el viejo camino de Vejer, las Dehesas de Martelilla, las laderas y colinas próximas al "Cerro de El Mojo"… son el escenario de la “batalla”



que, más allá de las licencias literarias de escritores e historiadores, ha dejado para siempre su huella en la toponimia de la zona, con un nombre rotundo y esclarecedor de lo que allí, de una otra manera sucedió: La Matanza. En estas tierras aún permanecen, siete siglos después, los topónimos de La Matanza (Cortijo, Arroyo, Pago, Cerro), La Matanzuela y La Matancilla.

Los historiadores locales relatan que en 1325 la ciudad se encuentra amenazada por un gran ejército musulmán que, procedente de los campos de Lebrija y Arcos, donde se han realizado talas y saqueos, ha acampado ente el Guadalete y Martelilla, realizando permanentes acciones de castigo en las tierras más cercanas a Jerez y llegando a las puertas de sus muros. El alcaide, Simón de los Cameros, solicita ayuda a Sevilla y otras ciudades ante la evidente inferioridad de las fuerzas cristianas. Desde Sevilla no puede prestarse apoyo y ante la falta de respuestas es preciso actuar, por lo que se decide hacer frente a los moros utilizando una estrategia que la historiografía tradicional jerezana ha relatado con aires de leyenda.

En síntesis, ante lo menguado de las tropas cristianas, se decide salir con el amparo de la noche, dando un rodeo para sorprender al enemigo en su retaguardia, llevando con todo el sigilo posible a cuantos caballos y potros “cerriles” (sin domar) se puedan reunir. Se atarán a su cola cueros “crudos”, odres hinchados y ramas. Se persigue con ello provocar una estampida de modo que, el ruido de los cueros y la furia de los animales sorprendan al ejército musulmán causando el desconcierto y el caos. La acción discurre tal como ha sido planeada con el concurso, en el último momento, de las tropas de Córdoba. Enterados los cordobeses de la petición de ayuda de los jerezanos, llegan “justo a tiempo” por el camino de Medina para batallar con los moros que, sorprendidos en su retaguardia, se ven así entre dos frentes condenados a sufrir una gran derrota. Estos campos de El Mojo, estos parajes próximos a las dehesas de Martelilla, serán a partir de entonces conocidos como las tierras de La Matanza, nombre que a todas luces, -permítasenos la ironía- hoy se juzgaría como “políticamente incorrecto”. Como consecuencia de la decisiva participación cordobesa en la refriega, se sellará la hermandad histórica existente entre Jerez y Córdoba, ciudad esta última en la que, como sucede en la nuestra, también existe una calle dedicada a la “Batalla de los Cueros”

Volvamos al relato del Padre Coloma, justo cuando los jerezanos están a punto de partir a la lucha. La tensión dramática de los preparativos de la batalla la presenta nuestro escritor con la escena de los caballeros junto a la capilla del Humilladero, en las proximidades de la Puerta del Marmolejo. Es 11 de Julio de 1325.

Dehesas de 'Martelilla'Había en otros tiempos pegada a la puerta del Marmolejo, que se llamó luego del Real, una pequeña capilla que se amparaba a los muros, como la fe se ampara a la fortaleza. Venerábase en ella una imagen de la Virgen de la Merced, y era costumbre de los antiguos caballeros, al salir a la batalla, pedir a la Señora su amparo en la lid y su auxilio en la victoria: llamábanla por esto la capilla del Humilladero; que aquellos hombres que con soberbia pisaban la tierra, sólo humildes miraban al cielo. Hallábase abierta la histórica capilla el 11 de julio de 1325: poblaban sus alrededores confusos grupos de hombres cubiertos de hierro, que formaban acá y allá bosques de picas y lanzas, alzándose amenazadoras: flotaban por donde quiera airones y banderas de varios visos, rodeando un pendón de riquísima tela roja, cuyos anchos pliegues caían a lo largo del asta, como si no pudiese el viento agitar el peso de tanta gloria. Era el pendón de Jerez, antes que en buena lid arrancase al moro otro, en la batalla del Salado".

Dehesas de 'Martelilla': Toros bravosColoma sigue aquí a Fray Esteban Rallón (quien escribe su Historia de la Ciudad de Xerez de la Frontera… a mediados del S.XVII) que sitúa en esta puerta de la ciudad y en la citada capilla el punto de partida de las tropas. Prefiere esa versión a la de Bartolomé Gutiérrez (Historia de Xerez de la Frontera, terminada en 1787) quien sostiene que los caballeros salieron “… a las ocho de la noche con mucho silencio por la Puerta de Rota y a su salida se encomendaron a una devota imagen que allí los Padres mercedarios Calzados veneraban (convento inmediato a esta salida)”. Ni Gonzalo de Padilla (en su Historia de Xerez de la Frontera. Siglos XIII-XVI, escrita en las primeras décadas del XVI), ni el Jesuita Martín de Roa (en “Santos Honorio, Eutichio, Estevan, Patronos de Xerez de la Frontera…, publicada en 1617), aluden en sus relatos a estos preparativos en los que Coloma, sin embargo, se recrea para dar al suyo más fuerza literaria.

Pero continuemos con Coloma. Se ha dado la voz de alerta en la ciudad ya que, desde la Laguna de Medina hasta El Sotillo, se ha instalado un campamento con un poderoso ejército enemigo y “…la morisma de aquende el mar y de allende había pasado el Guadalete en número de setenta mil, plantado sus reales desde Martelilla hasta el río, y llevado sus algaras hasta las mismas puertas de Jerez el noble…”

Cortijo de 'La Matanza'Para dar más gloria a una victoria conviene que la desproporción entre las fuerzas en combate sea lo mayor posible. Los cristianos son pocos y los moros muchos. Coloma juega también con esta idea en su relato y eleva a setenta mil, los “600 moros de a caballo y de pie” a los que alude el historiador Gonzalo de Padilla, o amplia la cifra de los “sesenta mil entre jinetes e infantes” que menciona el Padre Martín de Roa. Prefiere quedarse otra vez con la versión de Fray Esteban Rallón para quien los moros “pasaban de setenta mil, así de a pie, como de a caballo”, antes que con la de Bartolomé Gutiérrez, quien de manera más discreta, menciona, sin dar cifras, que “…un príncipe moro… juntando gente africana y de las costas de Granada de a caballo y de a pie… con esta gran comitiva se vino sobre los campos de los cristianos”

Ni la desproporción de fuerzas, ni la falta de apoyos y refuerzos, ni la escasez de víveres, ni la inferioridad de las tropas cristianas frente al gran número de las que han desplazado los musulmanes… parece ser obstáculo para el alcaide jerezano. Sigamos con Coloma: “Convocó en tamaño aprieto el alcaide Simón de los Cameros, a los ricos-homes, fijosdalgos y gentes de pro del pueblo, y ardiendo todos en deseos de venganza, sobrados de bríos y faltos de prudencia, no se avenían a templadas razones, queriendo, ya que no triunfar, morir como buenos.

Mas un gran caballero que llamaban Cosme Damián Dávila, valiente en la pelea y al razonar mesurado, les habló de esta manera: «Es verdad que son nuestras fuerzas cortas para vencer a los enemigos que tenemos a la vista. ¿Pero cuántas veces han triunfado de innumerables las armas cristianas, aunque pocas, patrocinadas de las divinas? Y así mi dictamen es, que imploremos el socorro de María Santísima de las Mercedes, y salgamos a pelear, ayudándonos de los potros cerriles que tienen los vecinos: los sacaremos en cuerdas al campo, y cuando estemos próximos a los enemigos, ataremos en las colas zarzas y cambrones, y los picaremos a un mismo tiempo: porque con este arbitrio causaremos confusión a los moros, sus escuadrones serán en parte desordenados, y nosotros lograremos la victoria dando entonces sobre ellos»
.

Con tonos épicos, describe Coloma la escena en la que, ya caída la tarde, llega “…Simón de los Cameros a la puerta del Marmolejo, seguido de los cuatro alcaides de las puertas, los caballeros del feudo y demás nobleza jerezana.”. Todos se arrodillan – se “humillan”- “ante el altar que sostenía la Imagen de la Patrona” para pedir su protección al grito de “¡Señora, remédianos!”.

Continuará en la próxima entrada...

Para saber más:
- Coloma, Luis. La Batalla de los Cueros. Episodio Histórico. Imprenta de la Revista jerezana. 1872. Otra edición de 1876 puede consultarse en la red.
- Gonzalo de Padilla.: Historia de Jerez de la Frontera (Siglos XIII-XVI). Ed. de Juan Abellán Pérez. Agrija Ediciones 2008., pp.. 48-57.
- Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsimil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol I P. 178-183
- Martín de Roa (1617): “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsimil, Ed.Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VIII
- Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación. Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. II, pp. 28-31.


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Azúcar amargo: Un siglo de azucareras en la campiña



A los azucareros ... y a los maños

Por elegir una fecha relevante, la historia de las azucareras en Jerez puede empezar a contarse a partir del 15 de Noviembre de 1897, cuando la Gaceta de Madrid anunciaba la subasta pública para la “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”. Con un presupuesto de partida de 1.227.968 pesetas, este proyecto tenía como finalidad la construcción de una presa o azud en el “Vado de los Hornos” -lugar que acabaría siendo conocido como “La Corta”-, para poner en riego las vegas cercanas a El Portal.

Azucarera Jerezana (1925): Vista GeneralToda la comarca, y en especial la ciudad de Jerez, atravesaba entonces por una grave crisis marcada por el paro y los conflictos sociales que se había visto acentuada por la plaga de filoxera, desatada unos años atrás, que terminaría por arruinar en poco tiempo todo el viñedo. No es de extrañar por ello que en estos años de finales del XIX se alzaran voces que clamaban por buscar alternativas al monocultivo de la vid. Azucarera JerezanaLas propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término. La construcción del Pantano de Guadalcacín, que habría de esperar aún más de una década, estuvo precedida por una iniciativa más modesta: los regadíos, de unas 2000 hectáreas, en las vegas de los Villares, El Torno, las Quinientas, El Palmar y El Portal que la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete pretendía desarrollar mediante una amplia red de canales y acequias. Y con ellos la introducción del cultivo de la remolacha y la construcción de la primera fábrica de azúcar en nuestra provincia: la Azucarera Jerezana, en El Portal.

Azucarera del Jalón. Épila (Zaragoza)(1925): Vista generalIniciada su construcción en 1899, la vida de nuestra primera azucarera fue muy corta. Pese a la puesta en regadío de una amplia vega, el contenido en azúcar de la remolacha cultivada ofrecía bajos porcentajes. El auge de esta industria en otras zonas del país (Zaragoza, León, Granada…) y las dificultades económicas de la Sociedad promotora llevaron al cierre de la factoría en 1906. La nave central y muchas de sus Azucarera del Jalón. Épila (Zaragoza): Sala de máquinasdependencias aún siguieron en pie durante muchos años, sufriendo en algunas ocasiones, las crecidas del Guadalete que llegaron a inundar parcialmente sus instalaciones. Su maquinaria fue desmontada progresivamente y vendida a otras azucareras que, en esos años, habían iniciado también su andadura o realizaban ampliaciones.

Y aquí, en una de esas curiosas idas y venidas de la historia, - o mejor, de la pequeña historia de las azucareras- entra en juego un técnico mecánico, D. Nicolás Moliner Gallego, a quien encontramos en el mes de noviembre de 1919 desmontando en El Portal una de estas máquinas de la Azucarera Jerezana para trasladarla a la Azucarera del Jalón, en Épila (Zaragoza), donde trabaja. Su hijo, Salvador Moliner Ortega –quien se empleará años más tarde en la misma empresa- nacerá en Jerez durante la estancia temporal de su familia, que regresará, cumplida la tarea, a la localidad aragonesa. Cincuenta años después, por esas paradojas de la vida, la Azucarera de Épila se cerrará y su maquinaria se desmontará para ser trasladada a la nueva Azucarera de Jédula.

Azucarera Jerezana: Situación actualLa vieja Azucarera Jerezana estuvo en pie durante casi dos décadas hasta que sus techumbres comenzaron a arruinarse. Pese a todo, sus muros, las elegantes arcadas de ladrillo de su nave central, los restos de naves, almacenes y dependencias… resistieron más de medio siglo para ser testigos de la vuelta de la industria azucarera a Jerez. Lamentablemente, han aguantado en pie otros cuarenta años para contemplar de nuevo su declive. Veamos a grandes rasgos como sucedió.

Tras el abandono casi en su totalidad del cultivo de la remolacha en los campos gaditanos, será partir de los años 50 cuando vuelve a aparecer para sustituir parcialmente al algodón en los secanos de la provincia. Los agricultores que se aventuran de nuevo con este cultivo se ven obligados a transportar la remolacha a las azucareras de Granada (provincia que desde 1878 fue pionera en estas industrias), a la sevillana de Los Rosales o a la cordobesa de Villarubia. Muchas son las voces que a lo largo de estos años insisten en la necesidad de construir una azucarera en Jerez.

Azucarera de Guadalcacín (1969): Vista general

El panorama cambiaría cuando en 1965 la compañía Ebro adquiere en Pozoalbero, junto a la pedanía de Guadalcacín, una finca de 33 hectáreas para construir una planta azucarera ante el empuje del cultivo en la provincia. Habría que esperar para ello a 1967, año en que se autorizó el cierre y el traslado de la Azucarera del Gállego (Zaragoza). Procedente de esta planta, en ese eterno ir y venir de los ingenios industriales sobre el que ya hemos hablado, llegó a Guadalcacín buena parte de su maquinaria (secaderos de pulpa y azúcar, calderas, molinos, tachas...), si bien la flamante instalación fabril, conocida como “Azucarera de Sevilla” se dotaría de nuevos equipos que la convertirían en la más moderna y la de mayor capacidad de molturación de su Azucarera del Guadaleteépoca. En poco más de un año, Guadalcacín vio levantarse la planta azucarera que fue inaugurada el 9 de julio de 1968 por el ministro de Industria, D. Gregorio López Bravo, y el alcalde de Jerez D. Miguel Primo de Rivera. Ese mismo verano realizó ya su primera campaña de producción molturando casi 300.000 toneladas de remolacha a razón de 4.000 de media diaria. Todo un record para la época.

Azucarera del Guadalete: Depósito de azúcarAl año siguiente, Jerez contaría con una nueva factoría, la Azucarera del Guadalete, instalada en el flamante Polígono Industrial “El Portal”, junto a la vía férrea. Perteneciente a la Sociedad General Azucarera, la planta se creó tras el cierre y el traslado de la azucarera oscense de Monzón de Cinca, así como de otras pequeñas azucareras del Valle del Ebro, muchos de cuyos trabajadores, como sucedió con la de Guadalcacín, se vieron obligados a trasladarse a Jerez. Su primera campaña de molturación, en 1969, vino acompañada por el gran crecimiento de los cultivos de remolacha en todos los rincones de la campiña.

Azucarera de Jédula (1986): Vista aéreaEl triángulo de las azucareras se cerraría un año más tarde con la construcción de una nueva planta en Jédula a la que llegaba un ramal del antiguo Ferrocarril de la Sierra que, aunque nunca llego a funcionar, estuvo activo hasta esta fábrica. La Azucarera de Jédula, perteneciente a la Compañía de Industrias Agrícolas, inició su construcción a lo largo de los años 1968 y 1969 y llevaría a cabo su primera campaña en 1970. Una parte importante de su maquinaria Azucarera de Jédula: Hornos de caly, especialmente, de su plantilla, procedía de la Azucarera del Jalón, industria pionera en España que había iniciado su andadura en 1904 en la localidad zaragozana de Épila, desde donde más de cien familias (los conocidos “maños”) se trasladaron a residir en Jerez. Esa misma fábrica a la que, en 1919, llegaban algunas de las máquinas que D. Nicolás Moliner había desmontado en la vieja Azucarera Jerezana de El Portal.

Las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado son también las del auge de la remolacha y de las azucareras en las campiñas gaditanas. Son los años en los que el cultivo alcanza su mayor expansión, llegando a sobrepasar en sus momentos punteros las 50.000 hectáreas de superficie, que situaban a la provincia de Cádiz a la cabeza nacional llegando a concentrar el 25% de la producción española y el 60% de la andaluza (Zoido, F. 1984). En esta “época dorada” de las azucareras, las producciones de remolacha provienen por orden de importancia, según el Estudio Económico de la Provincia de Cádiz (1983) de los términos de Jerez, Arcos, Medina, Vejer, Conil y Villamartín, recibiéndose también de municipios de la provincia de Sevilla. Azucarera del Guadalete: Época de campañaEn estos años de gran producción llegó incluso a proyectarse la ubicación de una nueva planta en el cruce de Las Cabezas. Sin embargo, el mismo Estudio apunta ya problemas preocupantes en la década de los 80: “El exceso de oferta existente, tanto a nivel nacional como europeo, hace que este cultivo, de gran trascendencia en la economía gaditana, se encuentre contingentado, fijándose objetivos de producción a nivel nacional mediante cupos. Cádiz participa en un 15%-20% de la producción nacional de remolacha, consiguiéndose actualmente, y a través de múltiples negociaciones cupos extras, incluso en detrimento de los de otras provincias

Azucarera del Jalón. Épila(Zaragoza): AccesoLas azucareras y el cultivo de la remolacha trajeron trabajo y prosperidad, pero tuvieron también algunas contrapartidas negativas derivadas, fundamentalmente, del grave impacto ambiental que causaron en sus primeros años. Ya en el verano de 1969, los vecinos de El Portal y el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María denunciaban como la contaminación de las aguas del río, a las que vertía la Azucarera Azucarera de Jéduladel Guadalete, habían ocasionado un grave daño en la fauna piscícola que no llegó a recuperarse pese a la instalación de balsas de decantación y sistemas de depuración que, al parecer, no llegaron a funcionar correctamente. Los malos olores propios de estas instalaciones se denunciaron también en Jédula y en Guadalcacín, cuya azucarera se vio obligada a trasladar sus balsas a un paraje aislado en las cercanías de las Mesas de Asta.

Azucarera de Guadalcacín: DerriboDesde hace más de una década, la pequeña historia de las azucareras, la “dulce” historia del cultivo de la remolacha y de la industria del azúcar comenzó a amargarse. Las políticas agrarias comunitarias (PAC), las regulaciones del mercado y de producciones, la OCM, la asignación de cupos, las bajadas de precio de la remolacha, las fusiones empresariales, los intereses de las multinacionales de la alimentación… trajeron como consecuencia el Azucarera de Guadalcacín: Chatarradeclive y el cierre de las plantas de Jédula (2001) y de Guadalcacín (2008). La visión estos días de la demolición de esta instalación industrial nos produce la misma desolación que nuestra última visita a la Azucarera de Épila, el verano pasado, de la que sólo quedan sus centenarias chimeneas. Deseamos que no suceda lo mismo con la Fábrica de Botellas, en estos días en los que se ciernen sobre ella los negros nubarrones.

Azucarera del Jalón. Épila (Zaragoza): ChimeneaCuarenta años después de la instalación de las azucareras en la campiña y tras el cierra de las plantas de Guadalcacín y Jédula, el futuro es, cuando menos, incierto. La Azucarera del Guadalete, única factoría superviviente del “glorioso” pasado azucarero jerezano, ha sido adquirida por una multinacional inglesa que realiza nuevas inversiones para incorporar una nueva refinería de azúcar. El declive de la industria ha traído también como consecuencia el de los cultivos, un horizonte que nadie hubiese previsto hace cuarenta años, cuando la campiña era un “mar de remolacha” y las azucareras empleaban directamente, durante sus largas campañas estivales a más de mil trabajadores. Cuarenta años después, el azúcar se vuelve amargo en el recuerdo.






Ver AZUCARERAS EN TORNO A JEREZ en un mapa más grande

Para saber más:
- Cincuenta años de la Compañía de Industrias Agrícolas S.A. Barcelona 1962.
- Compañía de Industrias Agrícolas, S.A. 1911-1986, 75 aniversario. Barcelona. 1986.
- Estudio Económico de la Provincia de Cádiz. Análisis descriptivo y diagnóstico de la situación actual. Diputación de Cádiz. 1983. pg. 98-99.
- Jerez 65-70. Grafibérica. 1969.
- Zoido Naranjo, F.: Panorama actual de la remolacha azucarera. Instituto de Desarrollo Regional. Universidad de Sevilla. 1981
- Zoido Naranjo, F. (Dir).: Cádiz y su provincia. Ediciones Gever. Sevilla. Vol I. 1984, pg. 150.


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Toponimia: Palmitos, palmas y palmares

El Palmar (Jerez)

La fitotoponimia, aquella parcela de la toponimia que se ocupa del estudio de los nombres de lugares relacionados con plantas o formaciones vegetales, aporta datos muy valiosos para el conocimiento de nuestro entorno. En ocasiones, supone una fuente de información de primer orden que permite explicar los cambios experimentados en nuestros paisajes al facilitar datos sobre la vegetación que, en tiempos pasados, motivó que determinados parajes fueran conocidos con el nombre de determinadas especies. Hoy vamos a centrar nuestra atención en los topónimos relacionados con el palmito, conocido también como palma.

Cerro de 'El Mojo'El palmito (Chamaerops humilis L.), es una especie característica de la región mediterránea y es la única palma indígena que crece en nuestro territorio. Muy abundante en todos los rincones de la provincia de Cádiz y en especial en los términos de Jerez, Medina y Alcalá de los Gazules, suele ser acompañante de las formaciones de matorral en espacios y suelos muy variados, desde las cercanías del mar, hasta alturas superiores a 1000 metros en la Sierra de Grazalema.

Colada de BornosEn 1879, el ingeniero de montes Salvador Cerón, en su obra Industria Forestal y Agrícola en la provincia de Cádiz, cifraba en 10.000 Has. la superficie cubierta por las formaciones de matorral en las que el palmito era especie dominante o secundaria en nuestra provincia. Casi siglo y medio después, la puesta en cultivo de muchos de estos espacios ha hecho disminuir enormemente su presencia y en la actualidad, esta especie apenas forma masas puras y difícilmente pueden verse palmitares o palmares de mediana extensión, creciendo en terrenos marginales (bordes de caminos, roquedos, vías pecuarias, convexidades de cerros de difícil roturación…) donde han logrado sobrevivir a las roturaciones.

Las Arenosas (S. José del Valle)De su distribución por todo nuestro término se tiene noticia cierta, por ejemplo, a través de los amojonamientos o pleitos por lindes de tierras. Por citar sólo algunos casos, de los que da cuenta el profesor Emilio Martín Gutiérrez, en 1434 el juez de términos Alfonso Núñez los menciona en numerosas ocasiones y las palmas aparecen como referencias o hitos en nuestros paisajes. Se mencionan así cerros con palmares, ribazos o valladares cubiertos de palmitos, “cabeços palmosos”, “palmarejos”… Mención aparte merecen algunos ejemplares singulares y aislados citados en estos antiguos documentos (“en somo de una palma”, “en una palma grande”, “sobre una palmilla”…) que a buen seguro, actuarían como mojones por ser elementos relevantes en los parajes descritos. Este mismo autor, tomando como base un documento de 1621 “Ejecutoria de las tierras que querían vender” depositado en el Archivo Municipal de Jerez, analiza, entre otras muchas cuestiones, la vegetación natural presente en el alfoz jerezano. En casi todos los rincones aparecen los palmares que abundan especialmente en las tierras comprendidas entre el Camino de Sevilla y el río Guadalete (Llanos de Caulina) y en los baldíos del camino de Medina. Son descritos también en otros muchos lugares del término como en el pago de “Tosina”, en el donadío de Romanina, en la Dehesa de la Torre de Sepúlveda…

Sierra de San CristóbalLas fuentes históricas ilustran también de cómo los palmares fueron desapareciendo con las roturaciones de baldíos, espacios incultos, que practicaban tanto vecinos sin tierra como los grandes propietarios usurpando los terrenos comunales. Lo mismo que sucede en la actualidad. El grito de “a desalambrar” tuvo un antiguo precedente: “a despalmitar” o “a despalmar”, si se nos acepta la licencia. De ellos nos informa también el profesor Martín Gutiérrez que cita muchos ejemplos de vecinos instalados en espacios públicos o de propietarios como Alfonso López, quien en 1434 “había ocupado tierras, palmares y carrascales” junto a sus propiedades de la Dehesa del Almirante. El mismo autor nos informa que “…en 1630, el prior (de la Cartuja) don Sebastián de la Cruz despalmó El Berroquejo y descarrascó 110 aranzadas de tierra… en la dehesa de la Greduela… y 120 aranzadas… en la dehesa de la Peñuela” para plantar viñas. La desaparición progresiva de los palmares ya no tendría vuelta atrás.

Sin embargo, ahí está la toponimia para recordarnos que, como se desprende también de numerosas fuentes documentales de siglos pasados, buena parte de nuestros paisajes naturales y rurales contaron y cuentan con la presencia de esta especie. Veamos algunos ejemplos:

LomopardoAunque en ocasiones su forma más sencilla, La Palma o Las Palmas, puede hacer referencia a la presencia de una palmera, lo más frecuente es que se haga alusión con este nombre al palmito, en especial con aquellos topónimos de los que se tiene constancia varios siglos atrás, cuando ni la palmera canaria (Phoenis canariensis) ni la datilera (P. dactylifera) estaban presentes en el medio rural. Así, La Palma está presente en Chipiona, Puerto de Santa María, Torre Alháquime o Jimena. En Jerez hay también un Cortijo de la Palma y en Tarifa un cerro con el mismo nombre,

Puerto de 'Las Palmas' (Jerez-Arcos)Las Palmas en Villamartín, dando nombre a un antiguo rancho como sucede también en Ubrique y Prado del Rey. Zahara es pródiga en Palmas y en su toponimia local se encuentran una Loma, un cerro y un puerto de “las palmas”. En Rota están el pozo y la casa de Las Palmas y en Alcalá, la cañada de este nombre. En Medina aparece en su forma más específica existiendo un Cancho del Palmito y una Colada de los Palmitos.

Palmar del CondeLos palmares, o palmitares, lugares donde crecen palmitos, están muy extendidos también en la toponimia provincial. No es de extrañar por ello que con el nombre de El Palmar se conozcan muchos lugares y parajes como sucede en Espera, Conil, Vejer (donde da también nombre a una playa y a una dehesa), Chiclana, Puerto Real, Sanlúcar… En Arcos da nombre al Cerro del Palmar. En muchos casos, los palmares tienen “nombre propio”. En Medina encontramos el Palmar de Doña Ana o el Palmar de Lesmi, en Alcalá el Palmar de Juan Gallo, en Puerto Real y en El Puerto de Santa María El Palmar de la Victoria, en Sanlúcar, el Palmar de San Sebastián. Uno de los más conocidos es el jerezano Palmar del Conde, paraje célebre por sus hallazgos paleontólógicos. En Jerez encontramos también el arroyo del Palmar de Zacarías…

La PalmosaA veces encontramos el topónimo en su forma diminutiva y así, en Benaocaz está El Palmarejo, en Ubrique el Descansadero del Puerto del Palmarejo, y en Medina Las Palmitas, por citar sólo algunos ejemplos. Otras veces este topónimo se presenta en plural dando lugar a Palmares o Los Palmares, como en Olvera, Algodonales o Los Barrios, población donde también da nombre a un cortijo.

La Palmosa (Alcalá de los Gazules)El sufijo –oso, alude a “abundancia de”. Palmoso o palmitoso se utiliza por tanto para referirse a un lugar donde abundan (o abundaban) especialmente las palmas. El Palmitoso es el nombre de un paraje de Medina o de un cortijo de Alcalá, municipios donde también encontramos el topónimo de La Palmosa. El paraje de La Palmosa en Alcalá es conocido porque en él se encuentra el Área de Servicio de la Autovía de Los Barrios, pero también da nombre a un polígono industrial, a un cabezo, a una vega, a un cortijo y a una fuente: la de la Hoya de La Palmosa. Su versión en diminutivo “La(s) Palmosilla(s)”, la encontramos en Tarifa y también en Villamartín, donde un cerro y un cortijo llevan este nombre.

El Palmetín (S. José del Valle)Otras derivaciones de estos mismos nombres están presentes también en toda la geografía provincial. Es el caso del paraje de Palmarote (Sanlúcar) o de los cortijos de Palmarón (Villamartín) o, el de otro topónimo de más dudosa procedencia: Palmetín (Medina, Chiclana). La Dehesa del Palmetín o el arroyo del mismo nombre, aparecen también en San José del Valle, siendo un paraje muy conocido, en las cercanías de la Sierra de Dos Hermanas, cruzado por el acueducto del Tempul. Por último, como testigo de la permanente regresión y desmonte de los palmares por las roturaciones, nos queda un elocuente topónimo que encontramos en Alcalá de los Gazules: Cortijo del Despalmado.

Volveremos en otra ocasión para ocuparnos de esta curiosa planta. Hablaremos de su aprovechamiento desde el punto de vista de la etnobotánica y de sus muchas utilidades en la artesanía tradicional.


Para saber más:
- Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. pgs. 180-184
- Martín Gutiérrrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.


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